miércoles, 8 de diciembre de 2010

Comiendo sopas en el suelo

24 de Noviembre
Amritsar
esta vez, pasitos virtuales

El viaje en tren no se hizo tan largo como pensábamos que se iba a hacer. Imagino que esto se debió a la pastilla para dormir que engullimos cada una antes de cerrar los ojos. Yo me desperté a eso de la una de la tarde y sólo quedaban otras tres horitas hasta que llegamos a Amritsar.
paisajes de Punjab

paisajes de Punjab

en el otro lado, nosotras íbamos igual

La sensación inicial fue la de una ciudad un poco más moderna de lo que estábamos acostumbradas, con menos porquería acumulada por las calles y la gente mejor vestida. Esto es debido a que son los habitantes de la provincia de Punjab los que más suelen salir al extranjero, inyectando una buena dosis de dinerito a sus familias en la India, regresando a su origen tras una estancia en alguna universidad inglesa o americana e importando de alguna manera la parte positiva de la cultura de los países occidentales.
Eso no quitó para que la llegada a la estación de tren fuera tan estresante como siempre, y encima nosotras sin muchas ganas. Ese día fue una especie de rendición, queríamos llegar con luz para observar el Templo Dorado al atardecer así que Mónica me dio carta libre y pagamos 50 rupias por el trayecto.
Una vez andado con las mochilas a cuestas unos 700 mt, puesto que los rickshaws no estaban permitidos en las inmediaciones del Templo , llegamos a la zona de albergue de peregrinos situada en el flanco izquierdo del recinto.
Inmediatamente nos atendió uno de los voluntarios del Templo e incluso tuvimos suerte de que nos dieran un par de camas (las últimas que quedaban en la parte destinada a los peregrinos extranjeros que no se amoldan a dormir al raso en el suelo con una manta como los locales) para esa noche. Hay que decir que aquello no tenía nada que ver con la idílica estampa de albergue que nos habíamos montado en la cabeza. En el estrecho y lúgubre dormitorio había 10 camas unas pegadas a las otras y un par de cuartos semiprivados con otras cuatro camas cada uno.
El sitio era bastante oscuro y sin ventilación. El único baño que había tenía capas de mugre. Pero era gratis y aquel tenía que ser sí o sí el punto de inflexión en el cual teníamos que verlo todo de otra manera. Lo importante era la sonrisa, y de eso había un rato.
Respirando hondo y dejando los zapatos en el dormitorio, cruzamos a calcetín vivo la calle para adentrarnos en el pasaje que nos llevaría hasta el patio interior del Templo Dorado. Para llegar hasta ahí tuvimos que quitarnos también los calcetines y proceder a lavarnos los pies en unas piscinitas a la entrada, tal y como lo hacían los otros peregrinos. A mi, que tanto cuidado había tenido en otros templos, de repente se me vino la experiencia que pasé en mi infancia cuando me tuvieron que hacer un agujero de peseta en la planta del pie para quitarme un papiloma que cogí cuando entrenaba en el equipo de natación. Pero fue todo una falsa alarma…
El Templo Dorado de Amritsar, conocido con el nombre de Harmandir Sahib, es el lugar más sagrado de los sijs*, centro de peregrinación de la religión, tal como la Meca a los musulmanes.
La visión nocturna del gurdwara (templo) en mitad del estanque de agua inmóvil, con su cúpula de 750kg de oro deslumbrando aún en la noche e inundado de prergrinos fieles a su tradición, fue sin duda alguna uno de los momentos álgidos del viaje. 
Templo Dorado

Templo Dorado

Simplemente por la paz que se respiraba ya merecía la pena. Sin comentar, claro, lo que suponía que hubiera voluntarios las 24 horas del día fregando el suelo del recinto. Nadie escupía, no olía a meado e  incluso estaba más limpio que pudo jamás estar el suelo de mi casa!
Otra experiencia más fue la de ser algunas de las 60.000 bocas a las cuales los voluntarios dan de comer diariamente. En un comedor colectivo, sentados en el suelo con la bandejita por apartados tipo comedor, y una vez que estuvieran todas las filas completas de comensales, hacían su aparición los voluntarios con las perolas llenas de arroz, lentejas, curry y pan y las iban repartiendo con la rapidez de un crupier y sus cartas.  No vi jamás nada igual, y encima se podía repetir. 
en el comedor comunal

Aquí he de decir que yo no quise coger bandejita porque como sabía que iba a picar me daba infinita vergüenza tener que dejar esa comida que me daban gratis, pero me comí un par de chapatis que el voluntario me lanzó a modo de frisbies ( y luego salimos del recinto para comer un chopsuey en un restaurante cercano).
Y el subidón de la noche terminó con la más de media hora que estuvimos fregando bandejitas como voluntarias junto con un montón de locales. La cadena de trabajo que tenían organizada me impactó notablemente, eran como máquinas. De veras, es una experiencia para no perderse.
Amritsar y su templo trajeron de nuevo la magia a nosotras.
paz


*Sijismo :“Fundado en Punjab en el s XV por el gurú Nanak, empezó como reacción al sistema de castas y al monopolio brahamánico del ritual. Los sijs sólo creen en un Dios y, aunque rechazan la adoración de ídolos, algunos cuentan con las imágenes de los 10 gurús” “……… los sijs creen en la reencarnación y el karma. En el sijismo no existe la tradición ascética o monástica” “……es fundamental el concepto de jalsa, o creencia en una estirpe elegida de soldados-santos que adopta un código estricto de conducta moral……..cinco emblemas denotan la pertenencia a la hermandad de la jalsa: la barba sin afeitar y el pelo sin cortar aluden a la santidad; una peineta para sostener de forma ritual el pelo largo; calzón holgado que representa la modestia; sable o espada, signos de poder y dignidad; y el karra, brazalete metálico que simboliza valentía….” “ Los sijs consideran iguales a todos los seres, lo cual se expresa en varias de sus prácticas, entre las que destaca el langar , en el que personas de cualquier casta o creo se sientan juntas para compartir una comida preparada por voluntarios en la cocina común del gurdwara (templo sij)”.
Texto extraído de la guía Lonely Planet edición Norte de la India

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