lunes, 22 de noviembre de 2010

Al desierto otra vez a buscar la paz??

11 de Noviembre
Jaisalmer

Hoy es nuestro último día en Jaisalmer,  ciudad favorita hasta el momento desde que llegamos a India y estamos entre la emoción de seguir descubriendo y la pena de dejar este lugar donde ya nos comenzamos a sentir hasta locales. Pero todo sigue, todo rueda…

foto del templo jainaista y la horrible luz del dia


Hemos comenzado visitando los siete templos jaimistas que se encuentran situados en el interior del fuerte (30 rupias por cabeza más 70 por cámara) y no dimos ni el primer paso hacia su interior y ya estábamos alucinando con la belleza de éstos. Miráramos por donde miráramos no había un solo centímetro cuadrado que estuviera vacio, todo se encontraba minuciosamente tallado en la piedra dorada del desierto con la cual se había construido también el fuerte. 

delicado tallado del techo de uno de los templos

figura de algun profeta o thirthankha


Tampoco había un metro cuadrado donde no hubiera un turista local, porque desgraciadamente para nosotras, nuestra visita a Jaisalmer ha coincidido con el periodo vacacional de varios estados vecinos, así que más que un complejo de templos, esto parecía Disneyland.

Monica en el templo

La religión jaimista no tiene divinades, sino que funda su fe en 24 o 27 profetas (no me acuerdo perfectamente del numero) y cada templo se dedica a cada uno de ellos. Los fundamentos de los jainistas se basa en varios pilares básicos dos de los cuales son la meditación y la comida (estrictamente vegetarianos y acérrimos defensores de los animales, tanto así que no se puede acceder a los templos con nada de cuero). También fomentan la actividad sexual y la procreación como camino espiritual, por ello hay miles de figuras masculinas y femeninas bellamente talladas en las rocas en posturas un tanto eróticas.

en un momento de tranquilidad tras la huida de las hordas de turistas. Foto: Mónica Domínguez


Pero en definitiva, este sitio no hay que dejarlo escapar si se viene a la India.

Como nuestro tren hacia Jodhpur no salía hasta las 23.15 y teníamos toda la tarde para matar, fuimos a informarnos sobre un tour de  unas supuestas 150 rupias para ver la puesta de sol en el desierto del Thar, ya que nos quedamos con un mal sabor de boca tras la experiencia en Bikaner.

En un principio, el agradable señor que nos atendió nos dijo que el precio del tour con visita a varios emplazamientos y con una cena y espectáculo incluido, salía a 650 rupias por cabeza, a lo que nos negamos rotundamente. Nosotras habíamos ido porque nos habían hablado de 150 rupias y no estábamos dispuestas a que nos volvieran a timar. O eso creíamos.

Finalmente aceptamos una opción por 300 rupias que incluía la visita a unas ruinas, a unos cenotafios, a una aldea rural y finalmente la visita concluía con el atardecer en las dunas del pueblo de Sam, a unos 45 km de Jaisalmer. Y aún así nos fuimos con la mosca detrás de la oreja. Con razón.

Tras dudarlo mucho, decidimos no cancelar el tour puesto que allí, en Jaisalmer, la ciudad a las puertas del desierto, empezó a jarrear que daba gusto. Esto no representa problemas serios en España (menos en Torremolinos), pero aquí significaba que sobre la calle ya de por sí poco higiénica, comienza a rebosar los canalones inferiores que actúan como red de alcantarillado y se mezclan con las toneladas de mierda sagrada de las vacas y menos sagrada de otros animales. Todo un infierno para los calzadores de sandalias. Pero ahí no me pillan, que yo mis botas no me las quita nadie.

¡Y otra vez de  cabreo …. ! ¡Primero porque nos han metido en un cuatro por cuatro con otros 8 turistas locales e íbamos como sardinas en lata, y segundo porque de los cuatro puntos que prometieron en la visita, sólo hemos visitado dos. Nos hemos quedado sin ir a la aldea tribal, en la cual mi cámara y yo teníamos especial interés. 

la tranquilidad del desierto invitaba a la meditacion

Como punto y final, creo que la guía se quedó corta a la hora de describir la afluencia de turistas, sobre todo locales, como “hordas”.Y sucios, tremendamente sucios. Las dunas parecían más un basurero que la entrada de un parque nacional. De nuevo, esa buscada paz y tranquilidad disfrutando de la tregua que le dio la lluvia a la puesta de sol brilló por su ausencia.

desierto del Thar

a que parece que estaba solo? Pues no.
  

Como premio a  nuestra paciencia, nos hemos regalado una cena de 650 rupias en lo que hasta el momento ha sido la mejor comida del viaje. El sitio, el restaurante Tríos.

Y de ahí a pasar la noche en otro tren camino a Jodhpur. Mañana será otro día y otro lugar de este carismático país.


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