martes, 16 de noviembre de 2010

Cual estrellas entre paparazzis

6 de Noviembre
Happy Diwali parte II
Hoy es día de descanso, intentando hacer lo mínimo para recuperar nuestro estado físico y anímico, porque el día de ayer todavía se resiente en nuestras cabezas por el episodio del tour y por los petardos de la noche.
en el jardin del hotel Madhuban con el conejo blanco ( a la izq).Foto: Mónica Domínguez
Y qué mejor que un gran desayuno en ese vergel que tiene por jardín el hotel , donde nos podemos entretener también con el enjaulado conejo blanco de ojos  rojos que miran a un punto en el vacío . Según Mónica es esa mirada la que debimos de tener el día anterior, inyectada en sangre en apuntando a nuestro guía.
Todo fue idílico hasta que Mónica pidió un segundo zumo de manzana del buffet y le fue denegado por no venir incluído en el desayuno. Otra vez cabreo. Ayyy oma, qué dolor. ¿No hay nada fácil aquí? Respira profundo por la nariz, aprovechando que huele a verde, y cuenta hasta tres. ¡…TRES!

fachada del Hawa Majal
El Hawa Majal (el palacio del aire) es el edificio más emblemático de la ciudad de Jaipur. Esta construcción de arquitectura rajputa fue construida para que las mujeres de la casa real (que nunca podían salir a la calle) pudieran observar las fiestas y procesiones al otro lado del muro en época de festivales.

detalle del Hawa Majal
A través de las ventanas tipo rejilla ,talladas virtuosamente en piedra arenisca rosada en cada una de sus cinco plantas de la fachada principal, era donde tenían el único contacto con el exterior, y  aunque ellas podían observar lo que sucedía en el exterior, nadie podía verlas desde allí. Vaya una vida…. 

Vistas desde el mirador de Hawa Majal

Y bueno, eso de que el día después de Diwali todo el mundo se queda en casa con la familia , lo pongo bien en duda. Hasta empujones sufrimos para subir y bajar por los estrechos pasillos y escaleras del Hawa Majal. Miles de turistas locales, que, aunque en todo su derecho de conocer semejante maravilla, no entienden el concepto de dejar salir antes de entrar, o esperar cola. No deben tener Barrio Sésamo por estos lares.
 El pelo de Mónica. Rubio y rizado. Todo un objeto de deseo , parece ser.  Si no nos hicieron decenas de fotos con los móviles no nos hicieron ninguna. Grupos de niñatillos  cuchicheando a nuestro alrededor y discretamente, o no tanto, apretando el gatillo cual paparazzis. Madres con niños en brazos que se nos acercaban para que les diéramos la mano a sus bebés. ¿Seremos la reencarnación de algún dios?. Sea lo que fuere, un rato está bien, pero la verdad ,preferimos la vida de incógnito.
Atardecer en el Hawa Majal
Una vez a salvo de la marea humana fuera del edificio comenzamos a callejear entre bazares que vendían cualquier cosa desde ollas a joyas hasta que , sin darnos cuenta , nos vimos en la parte trasera de la calle principal, donde todo parecía más lúgubre y decrépito.Nuestro paso junto a un basurero ( o planta de reciclaje para algunos de las castas más bajas) nos dio que pensar.
Fue entonces cuando un número no determinado de niños salieron de la nada y comenzaron a molestarnos. Ya no estamos nada cómodas, y menos todavía cuando un señor de apariencia fiable nos dijo con gestos que no siguiéramos adelante. Y para que más.! Media vuelta….ar!
Cabra seguramente sagrada comiendo guirnaldas sagradas
Mientras esprintábamos  en marcha por  el callejón, el más chulito de los niños nos seguía espetando seguro que cositas lindas en su idioma, y llegó un momento que Mónica se dio la vuelta. Malo. ¡Cómo no serían los gritos en arameo que le soltó , que la cara  del niño se congeló de pánico.! Ahí vimos  ya la salida del callejón, respiramos tranquilas de nuevo y lloramos de risa al acordarnos del gruñido y de la cara del enano.
Ya resguardaditas del mundo exterior en el jardín del conejo blanco hicimos tiempo hasta que fue la hora de ir a la estación para pasar la noche en el tren de Jaipur a Bikaner. Nuestra pimera noche en un tren.
Todavía con las reminiscencias en nuestras memorias de la pulcritud española en lo que concierne a servicios públicos ( y quien opine lo contrario que venga a la India y lo reitere)  cometimos el error de investigar  las sábanas y mantas que nos proporcionaba la compañía del tren. Aún hoy me pregunto por qué lo hicimos. Lo cierto es que , con o sin sábanas pulcras, no podría decir que a  las cabezaditas que tuve se pudieran llamar dormir. La cama era como una tabla. “ Sólo la primera semana para hacernos locales, sólo la primera”… 

En la litera del coche cama.Foto: Mónica Domínguez

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