domingo, 28 de noviembre de 2010

Me duele la cámara de tanto usarla

19 de Noviembre
Varanasi

El calor sofocante que había en la habitación hizo que me despertara para descubrir desde el balcón la maravilla de Varanasi con luz de mañana. Y embobada con las mismas vistas desde el restaurante del hotel, el pancake de plátano y chocolate me cargó de energía para toda la mañana.

El primer ghat que teníamos junto al de nuestro hotel era el más importante de Varanasi, y creo que de la India, para efectuar las cremaciones de los seres queridos ya fallecidos. Hay toda una industria aquí creada. Al parecer, se incineran alrededor de entre 300 y 400 cuerpos diarios, a tres mil rupias y tres horas por incineración y cuerpo. El laberinto de callejas desde el que se accedía a este ghat es una constante procesión de cadáveres envueltos en coloridas telas que, una vez que son bañados en el río, se procede a su incineración. Y vienen familias con sus difuntos desde todos los puntos del país. 

Otra curiosidad es la de la figura del “maderero”. Este personaje es maestro en el extraño arte de saber calcular la cantidad de madera, casi siempre de sándalo, que necesita el cadáver en función de su volumen y peso. 

En esta área se respira un aire espeso, bien por el humo procedente de las doce piras, bien por todo el dolor que traen consigo los familiares. Por respeto y por prohibición, no tengo documento gráfico de este lugar.

Y como no resulta fácil describir lo que hay en Ganges, más vale cuatro imágenes que cuatro mil palabras.

vaca meando y Mónica impasible

turistas en el Ganga

la cabra que vigila  la ropa mientras se seca

baño mañanero en el río

hoy nos casamos en el Ganges


tendedero al sol

chambaito de la vaca


refrescándose en los lodos sagrados

lavandería

astillero

lugar de culto

peluquería
otra peluquería de menos caché

una más. Foto: Mónica Domínguez

A la una salimos de nuestro refugio a las orillas de la sagrada agua para ir a visitar los templos de la zona de Sarnath, al norte de la ciudad. Tengo que decir que la visión de Varanasi, o Benarés, una vez que se sale de la zona de la orilla, es tan estruendo como en otras ciudades como Delhi o Jaipur, con un tráfico terrible, suciedad por doquier, olor de incienso mezclado con el de pis y ruido, mucho ruido. Fantástico para mi delicado estado de trancazo.
Sarnath es un complejo de templos y ruinas budistas el cual se considera uno de los cuatro lugares de peregrinación de dicha religión. Aquí se encuentra un árbol bo, sagrado, que tiene savia del árbol original dónde Buddha encontró la iluminación, y en particular este árbol es una rama de uno que se encuentra en Annuradapura, en mi querida y limpia Sri Lanka. El complejo no tiene nada de especial pero sí que es cierto que es un respiro de tanto templo hinduista y jainaista.
stupa budista de Sarnath

complejo Sarnath
Por mucho que lo intento no puedo evitar dejar de comparar la India con Sri Lanka y no tengo ninguna duda de con cual me quedo. Esta visita me ha transportado un poco a los meses que en la pequeña isla estuve viviendo y ha intensificado las ganas de volver que tengo.
Ya al anochecer y muertas de hambre por no haber comido al medio día, nos encaminamos a través de los ghats para ver la ceremonia del Aarti, esta vez desde las gradas, antes de ir a cenar algo al restaurante Lotus, terraza con buenas vistas a la orilla del río, cojines para recostarse y seguramente buena comida, porque yo con los mocos no pude saber si estaba buena o no. A Mónica le encantó lo que pidió, unos raviolis tibetanos al vapor llamados momos.
ceremonia Aarti desde el otro lado

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