jueves, 25 de noviembre de 2010

Una de camellos, por favor


15 Noviembre
Pushkar
Una media hora es lo que tardó el taxi de los años 50 en llevarnos de la estación al pueblo sagrado de Pushkar, sitio de peregrinación donde está prohibido el alcohol, las drogas y la comida no vegetariana y donde los hombres santos están en la misma cantidad que las vacas sagradas.
Llegamos a eso de las 7 de la mañana y tuvimos la suerte de que el encantador Rahvi del hotel Lake View nos dejara, abonándola por adelantado, nuestra habitación para echarnos a dormir, puesto que ninguna de las dos tuvo buena noche. El hotel nos pareció muy básico y poco limpio, pero nuestra habitación tenía un balcón a primera línea del lago que hizo que mereciera la pena sólo por poder observar discretamente todos los movimientos de los devotos en su baño en el Gath (lugar donde se bañan con las aguas sagradas, normalmente con una especie de quiosco). Durante una media hora me recree ante semejante espectáculo, que junto con la mágica luz de la mañana y las miles de palomas que acompañaban a los peregrinos me proporcionó un estado de paz que hacía tiempo que no encontraba. Con esta imagen en la retina me dormí un par de horas.
mujeres en el lagosagrado realizando las pujas u ofrendas

vista desde la habitacion
Pushkar es famoso por dos cosas, su lago sagrado donde se esparcieron las cenizas de Gandhi  y por su feria de camellos, la más grande creo del mundo, con más de 40.000 cabezas de ganado incluyendo camellos, caballos y vacas.  Doscientos mil turistas acuden a la feria que se celebra durante la luna llena del mes de Kartika, entre nov. y dic. del calendario hindú. Este año se celebra desde el 14 al 21, y por suerte para nosotras aún no había muchos turistas y aún seguían allí los comerciantes de ganado, puesto que tras los primeros días dedicados a la compra venta de animales pasan a la feria como tal, con sus norias, algodón de azúcar y música a volúmenes insuperables. Y para eso ya tengo la feria de Málaga, gracias.
Recorriendo las calles con aire festivo de la ciudad llegamos finalmente al recinto ferial donde estaba teniendo lugar una serie de actividades: un partido de un extraño y divertido juego donde turistas extranjeros se enfrentaron a los locales, perdiendo obviamente; grupos de lo que creemos gitanos tocando la flauta mientras que hacían moverse a las cobras y a las bailarinas de su etnia; concurso de decoración de camellos;  muchos vendedores ambulantes; muchas niñas que piden chocolate, bolígrafos o rupias a cambio de foto; dueños de camellos que te ofrecen una vuelta por un módico precio…un sinfín de personajes. 
debajo de las bolitas de colores os juro que hay un camello

bailarina y musico

mela o estadio de celebracion
Con el calor paró la actividad hasta por la tarde por lo que aprovechamos a conocer un poco más la ciudad y dar una vuelta, pero el cansancio pudo con nostras y volvimos a echarnos una siesta tras la cual nos perdimos intencionadamente entre la infinidad de tiendas de los camelleros , que estaban afanosos cocinando la cena al atardecer.
El programa seguía con un concurso de baile y canto tradicional a las 8:00 de la tarde, perfecto puesto que así teníamos tiempo de cenar. Otra vez estábamos sin nada en el estómago desde el bollo de chocolate de la mañana. 
vista desde la terraza

descansando

zona de acampada
Aroma se llamaba el restaurante dotado de un espléndido jardín infestado de mosquitos donde hicimos tiempo cenando. Yo volví a ser atrevida y me pedí (alegando que era alérgica al chili y a la pimienta negra) un curry de anacardos, pero para mi desgracia, hubiera sido otra sesión de botox labial. Hice que me lo cambiaran, tras lo cual me trajeron una insípida mezcla de nata tomate y anacardos. No aprendo. Al final voy a echar de menos el sándwich que desayunamos la primera mañana en Agra, que nos pedimos un sándwich de ajo y cebolla y nos trajeron exactamente lo que pedimos, ajos y cebollas a rodajas entre dos rebanadas de pan de molde. 
por favor que no pique, que si no lloraré. Foto: Mónica Domínguez

A eso de las siete y media de la tarde entramos de nuevo en la Mela ( el estadio donde se celebraban todo los eventos de la feria de Pushkar) y esperamos a que comenzaran reclinadas en una zona habilitada con colchonetas dónde sospechosamente sólo había extranjeros. 
Siento decir esto porque había esperado algo mucho mejor, sobre todo después de todas las molestias a la hora de la planificación del viaje en torno a las fechas del feria de camellos, pero fue un poco desastre. Lo que llegamos  a ver fue un pequeña demostración de músicos y de bailes con escupe fuegos incluidos y un pequeño concurso de baile y cante de niños. Tal y como salíamos por la puerta del recinto, los tutores de los niñas que bailaban con un recipiente en la cabeza de la cual salía fuego, se tiraron en plancha a apagar lo ocasionado por uno de estos recipientes al caérsele a una pobre niña. Y ya no quisimos ver más.
escupe fuegos

escenario
Al abrigo de la oscuridad de la noche, cuando entramos en la habitación, descubrimos que estaba ocupada por decenas de bichitos que parecían cucarachas pequeñas, y que Mónica se encargó pacientemente de llevar a la otra vida con su zapatilla. Uyyyy el karmaaaa…
Esa noche, dormimos con la mosquitera por primera vez.

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