12 Noviembre
Jodhpur-Udaipur
Bueno, esta vez ha sido una jugada dura. Con la prisa de intentar acortar nuestra visita a Rajastán para poder ir en busca de otros paisajes, habíamos decidido saltarnos Jodhpur, una de las ciudades previamente planeadas. La cuestión entonces era que de Jaisalmer a Udaipur no había tren directo y un bus tardaba 14 horas(como mínimo). Navegamos un poco por la web y decidimos ir en tren nocturno hasta Jodhpur, y luego en autobús a Udaipur, así que aprovechamos que teníamos conexión para hacer nuestra parada más larga y poder ver un poco de Jodhpur.
A esta estación llegamos también a la del gallo, y los pocos establecimientos donde nos podrían ofrecer un chai eran realmente poco apetecibles, incluído el que elegimos, dónde las cucarachas y la capa de mugre constituian su decoración. Eso sí, el chico que nos atendió, el de la camiseta de Barcelona, fue encantador. Ya no sé si llevamos escrito en la frente, junto al tatuaje del euro, que somos españolas. O entonces no vamos tan disfrazadas como pensábamos, porque ya no nos hace falta abrir la boca para que nos hablen en español. Y una vez que abres la boca, empieza el interrogatorio: 1) ¿de dónde eres, de Madrid , Barcelona?; 2) cuantos días en la India; 3)primera vez en India; 4)¿trabajo? 5) ¿cuántos hijos?. Siempre el mismo patrón, parece que llevaran una cinta y pulsaran compulsivamente al play.
Cuando se hizo de día nos dirigimos a pie a un sitio recomendado por la guía con buenos desayunos , el hotel Govind, donde, además de llenar los estómagos, conocimos a quien sería nuestro conductor de ricksaw durante toda la mañana en nuestra visita relámpago de Jodhpur antes de coger el autobús hacia Udaipur a la una de la tarde.
| desayunando en Jodhpur |
Por 350 rupias nos llevó primero al Jaswant Thada, un impresionante edificio blanco que fue construido con mármol tan blanco y tan fino que se hace translúcido de vez en cuando.
| palacio blanco |
Desde aquí ya comenzamos a poder observar la famosa ciudad azul de Jodhpur, cientos de casas vestidas de un azul intenso. El motivo de dicho colorido fue que el azul antiguamente se usaba para marcar las casas de las castas más iluminadas y también para ahuyentar a los mosquitos. Pero hoy en día todo el mundo usa este color para pintar sus casas, haciendo que gran parte de la ciudad esté teñida de cielo.
| la ciudad azul |
Llegó el momento de visitar el Mehrangarh, supuestamente el fuerte más bonito de toda Rajastán. Y no se equivocaron quienes lo recomendaron. Lo malo es que sólo teníamos una hora y media para verlo todo sin tener que estresarnos para llegar a tiempo al autobús. El personal de la oficina de tickets nos aseguró que la audioguía ( fantástica, por cierto) tenía una duración de una hora veinte, así que cámara en mano comenzamos el maratón esquivando los cientos o incluso miles de turistas que por allí rondaban.
| El Mehrangarh |
Saltándonos las partes del museo de armas que a ninguna nos llamaba en especial atención, y recreándonos en otras zonas como las vistas de la ciudad azul de nuevo, en una hora y media exacta, y con una gran sensación de triunfo por haber conseguido hacer esta visita en el tiempo establecido, volvimos a cruzar las grandes puertas hacia el rickshaw. Ahora que hablo de puertas, las de las entradas de los fuertes estaban provistas de grandes pinchos a los tres metros de altura y estaban dispuestas en curva, de esta forma, los elefantes de los enemigos no podían coger suficiente velocidad para derribar las puertas y se clavaban los pinchos.
| representación en vivo de fumar en shisha |
| una de las estancias |
Con esto se concluyó nuestro andar cultural por Jodhpur pondiendo rumbo a la parada del autobús privado donde recorreríamos otro trayecto de 8 horas.
Tengo que decir, que normalmente en casa no suelo consumir MacDonalds, pero cuando entre ese caos de vacas, rickshaws, polucion y mierda sagrada, aparece la la visión de esa “m” dorada a lo lejos, automáticamente me pongo a salivar. Le prometimos al conductor, el pobre estaba preocupado por que no llegaramos, que sólo serían cinco minutos, tras los cuales salimos como dos niñas pequeñas con nuestro take away sin chilli. A mi me da igual porque de pedir siempre pido algo de pollo, pero en este MacDonalds no servían productos ni de cerdo ni de ternera, así que en Roma hicimos lo que los romanos.
En nuestro ticket figuraba la una y media la hora de salida, por ello nos pareció exagerada la forma grosera que tuvieron los del autobús en apresurarnos en subir mientras devorábamos nuestras hamburgesas de pollo, pero contaban con toda razón puesto que en nuestro billete la hora era errónea y el autobús tenía su salida a la una en punto.
| curiosidades del camino |
El punto fue el viaje. Los asientos estaban llenos de lamparones, la ventana con vómito, no pudimos enderezar los asientos que estaban reclinados, y doblaron o triplicaron en número a los pasajeros permitidos. A esto hay que sumar que cada vez que uno de los que estaban delante de nosotros les daba por escupir ( deporte nacional) por la ventana, algo siempre nos tocaba.
| el bus |
Este autobús tampoco era express, y tuvimos la sensación de que dimos más vueltas que una peonza, sobre todo desde que dejamos la carretera principal para seguir por una pista que atravesó innumerables aldeas. El momento álgido del trayecto fue cuando pararon el bus en medio de una carretera de montaña flanqueada por un bosque húmedo , creemos que fue la reserva natural de Kumbalgarh, para que viéramos a los monos que andaban por allí. Intuyo que esa parada fue por gentileza del que salió corriendo hacia unos matorrales con un apretón visible.
| monos a pie de carretera |
Ya en la estación de Udaipur, uno con pinta de mafioso con la barba teñida de rojo intentó por todos los medios que nos subiéramos a unos de los ricksaws a su cargo, pero a nosotras ya nos las dan. Con un ágil dedo señalaba a distancia a los conductores para que vinieran a por nosotras. Incluso disimulaba y llamaba por teléfono. Así mandamos a la mierda, y no sagrada, a unos cuantos risckshaws y nos pusimos andar un buen trecho para salir de su area de acción. Esta intuición nuestra fue corroborada cuando el conductor que nos llevo, uno independiente, nos confirmo que el barba roja era un tipo peligroso.
En el hotel Gangaur, una antigua haveli de más de trescientos años, y por el módico precio de 550 rupias, confirmamos que nos quedaríamos las siguientes dos noches en la ciudad decorado de la película de Octopussy , que por cierto, los lugareños la explotan al máximo y tienen pases por la noche en casi todos los hoteles.
Las impresionantes vistas de Udaipur de noche desde el restaurante de la azotea hicieron por un momento que me sintiera como si estuviera en Paris a la orilla del Sena. No me extraña que digan que es la ciudad más romántica de todo el Rajastán.
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