sábado, 20 de noviembre de 2010

Bikaner, clase de cocina en el desierto


8 de Noviembre
Bikaner 

Para hacer fuego para las tostadas y el chai hace falta leña. 

en el campamento con las legañas...Foto: Mónica Domínguez

Eso fue lo que nos vino a transmitir uno de los camelleros cuando a las 6:30 se puso a cortar troncos que portaba el carro, pero justo al lado de nuestra tienda. No los podían traer cortaditos o irse un poquito lejos,no.  Añado además, que  había pasado una noche horrible.

desierto?


Pero Mónica se había terminado el libro y todo iba a ir a mejor. Seguro. 

otro pasito más. Foto: Mónica Domínguez


Una vez recogida la tienda y encajado los utensilios en el carro del camello, nos pusimos en marcha a intentar disfrutar de lo que nos quedaba de tour. Lo más destacable hasta que paramos a la hora de comer sería cuando atravesamos ( sin parar) por una pequeña aldea sin nada de interés más que ver a agricultores de sandías locales yendo de un lado a otro. 

agricultores
Pero ya estábamos completamente en estado zen. Incluso nos reímos con los chicos cuando, a la hora de comer, nos dejaron el rodillo y nos preparamos nosotras nuestros propios chapati ( tortita de harina).

nuestros guias-cocineros

haciendo mi chapatti. Foto: Mónica Domínguez


Bajo el árbol que nos resguardó del horrible sol del medio día estuvimos desde las 12 hasta las 3 de la tarde, poniendo rumbo al final del paseíto. 

mi caaarrroooo, me lo robaaaaaaaaaaaronnnnnnnnn...........


Con un parco adiós nos despedimos y al llegar de vuelta a Bikaner aún tuvimos tiempo para ir a ver un par de templos  cerca de la zona.El primero en visitar fue el templo janaista de Bhandasar, custodiado por un monje bastante colgado que chapurreaba algo de español. Mientras nos convencía jocosamente que dejáramos los zapatos fuera bajo su protección previo pago de 200 euros  y le abonábamos 20 rupias por hacer fotos en el templo, un turista local nos alertó de que no diéramos nada de dinero al hombre santo.

detalle del templo


el monje colgao


Recorrimos junto a este ingeniero gran parte del templo, y por una vez desde nuestra llegada, nos trató de tú a tú, sin darnos la sensación de que teníamos un dólar pegado con superglú a la altura del tercer ojo. El nos habló de las más de 1000 deidades hinduistas y nosotras le hablamos de la crisis de España. Intercambio de información pura.

momento ommm con calcetines de lunares...Foto: Mónica Domínguez


Luego entramos en el templo  dedicado a Lakshminath, diosa de la hinduista de la abundancia y no sabemos cómo, terminamos con un paquetito de papel de periódico que envolvía algo de comida que algún  hombre santo nos proporcionó.  No nos atrevimos a abrirlo in situ por si las moscas, pero ya concluida nuestra visita  dijimos “namaste” a nuestro ingeniero favorito  y fuera de las puertas del templo descubrimos nuestro aperitivo.

Con todo el respeto y la discreción  del mundo ofrecimos a las vacas sagradas la mitad de lo que contenía el paquete, unos minibuñuelos tamaño guisante llamados bundi. Todo sea por mantener el estómago en buena salud. 

Millones de ojos nos acompañaron el tiempo de espera en la estación de autobuses al filo de la media noche. Así de observadas subimos al bus que nos iba a llevar a Jaisalmer para tener nuestra primera experiencia en un trayecto de autobús con litera para dormir. Es como si tuviera dos plantas como los de Londres, pero sin tenerlas, con lo que el espacio es bastante más reducido y la opción a incorporarse es complicada. 

apretaitas en el autobus  Foto: Mónica Domínguez


Intentando dormir en nuestra litera doble diseñada para delgaditos indios, ya notamos que necesitábamos desesperadamente un chute de tranquilidad  y  buen rollo.

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